
Se ensucian los días de memorias
no basta un plumero para limpiarlos,
ni soplar todo lo fuerte que se sabe,
siquiera cerrar los ojos
contar hasta tres y volverlos a abrir,
como si en un acto de magia
todo fuese a desaparecer de repente.
Se manchan las tardes de recuerdos
y no hay espacio suficiente para ellos
se amontonan a la salida de los párpados
y sostienen al sueño
para que no vaya más allá de las pestañas,
para que las ilusiones no arañen las niñas de mis ojos,
ni de los tuyos,
quién sabe.
El reloj resta minutos
en una cuenta a favor propio,
ayer se lo leí a Batania,
“tu reloj de pulsera
no basta un plumero para limpiarlos,
ni soplar todo lo fuerte que se sabe,
siquiera cerrar los ojos
contar hasta tres y volverlos a abrir,
como si en un acto de magia
todo fuese a desaparecer de repente.
Se manchan las tardes de recuerdos
y no hay espacio suficiente para ellos
se amontonan a la salida de los párpados
y sostienen al sueño
para que no vaya más allá de las pestañas,
para que las ilusiones no arañen las niñas de mis ojos,
ni de los tuyos,
quién sabe.
El reloj resta minutos
en una cuenta a favor propio,
ayer se lo leí a Batania,
“tu reloj de pulsera
barniza el nogalde
tu propio ataúd”
y ya no sé si quise morirme
o vivir con rabia para joder al tiempo,
tal vez por eso no lleve relojes,
tal vez por eso nunca mire atrás,
para no ver cómo se pierden las cosas.
y ya no sé si quise morirme
o vivir con rabia para joder al tiempo,
tal vez por eso no lleve relojes,
tal vez por eso nunca mire atrás,
para no ver cómo se pierden las cosas.



