domingo, 6 de abril de 2008

Conversación con la etera materia

Esta noche promete ser igual de aburrida que la anterior, que las doscientas cuarenta y siente noches pasadas, hasta la luna se aburrió y decidió vestirse de “nueva” para pasar desapercibida. Me preparo un vaso de leche fría con cacao y dos cucharadas de azúcar, me lo voy tomando a pequeños sorbos mientras deambulo por el pasillo alargando los pasos que me llevan al dormitorio. Suena el teléfono y el inalámbrico lo tengo descargado, suelto el vaso en el suelo con cuidado y salgo corriendo descalza a contestar, “¿qué persona tarada llama a la una de la madrugada? Una madre o un pervertido”.
-¿Si?
-Hola. Perdona que llame a estas horas, sabes que nunca fui oportuno en lo que a llamarte se refiere.
-¿Diego? ¿Eres tú?
-Solo quería saber si todavía eres mi Mafalda.
-Mira Diego…no son horas, de verdad, ahora no tengo ganas de…
-No, no, solo quería saberlo Eva, necesito saberlo.
-Ha pasado mucho tiempo y he crecido. ¿Sabes que pasa cuando uno crece? Se terminan los sueños, se mueren las ilusiones y se deja de creer en imposibles y tú eres el mayor de los imposibles.
-¿Has dejado de creer en mí?
-No Diego, he dejado de creer en mí. Ya no queda nada de la niña que conocías, de la reina de las esperanzas, la misma que escondía casualidades en las esquinas y callejones para después tropezar con ellas. Ya no escribo, me peleé con las palabras, siquiera hago autodefinidos. Y realmente tampoco creo en ti ni en eso que decías de que el mundo era un pañuelo, si así lo fuese estoy convencida de que Dios se ha sonado la nariz en él.
-Pero fíjate, te encontré de nuevo, después de salir de estampida de mi casa sin decir ni adiós, sin dejarme una dirección, después de tanto tiempo estamos hablando, encontré tu número.
-Aparezco en la guía, no te creo tan inútil, no me vengas ahora con ese rollo del destino porque no me lo trago.
-¿Me quieres decir qué te pasa? Estás rarísima, me gustaba mucho más la Eva de antes.
- Lo que me pasa es que no debería estar hablando contigo, que cada vez que apareces son seis meses de terapia y medicación y la última vez estuve ingresada unas cuantas semanas en un hospital con paredes acolchadas y enfermeras que sonreían cada vez que me veían llorar y me tendían una pastilla ínfima de color rojo con la promesa de que me haría sentir mejor, par después terminar durmiéndome en un puto rincón, sola y encogida . Que por tu culpa me han prohibido que vuelva a escribir, me han quitado lo único que me permitía encontrarme conmigo misma.
-Pero nena, si estoy aquí es porque me necesitas, tú me has llamado sin darte cuenta y yo acudí a tu encuentro.
-No digas tonterías Diego, tú no eres nadie, ¿me oyes? Na - die Y voy a colgar
-No puedes vivir sin mí, reconócelo.
-Voy a colgar Diego y no me volverás a llamar nunca más, ni aparecerás por aquí, ni nada de nada. Adiós

Con las manos temblorosas cuelgo el teléfono y me dirijo de nuevo a mi cuarto, ya no me apetece tomar la leche así que se la pongo a Gedeón en su cacharro de comida, gesto que agradece pasándome su enorme lomo por la pierna. Me paso la mano por la frente y me doy cuenta que tengo sudores fríos. Entro al cuarto de baño y me tomo una de las pastillas auxiliadoras, imanes del sueño para los momentos extremos. Me meto en la cama y cuando dirijo la mirada a mi izquierda algo me paraliza
- Sabes que no puedes vivir sin mí.
-Vete a la mierda Diego, ya no haces nada aquí, nunca volveré a escribirte, los fantasmas no merecen poemas. Vete…¡VETEEEEE!

Esta vez no le diré a nadie que volví a ver a Diego, no… porque sé que ya no volverá, nunca debí haberme enamorado de un personaje que yo misma creé. No más poemas Eva…no más poemas.

1 comentario:

Jose Imaginación dijo...

Nunca dejes de escribir por prescripción facultativa, que nadie corte tus alas.