
Dos ojos desorbitados y una boca llena de babas adornan un rincón de la oscura plaza. Tiene el pelo teñido de blanco y los dientes negros de contener en la rabia y las mentiras que nunca supo decir. Su barba espesa, gruesa y larga da cobijo a las historias que anidaron allí buscando un alma soñadora que creyese en ellas y las guardase como un tesoro.
No me importa que sea un loco, que huela a vino rancio y sus ropas a humedad, ¿qué más da que le piquen los piojos? Un día me dijo que esos bichos le cantan nanas y le acicalan los canos rizos al amanecer, así no tiene que usar peine.
Por un trozo de tortilla o un par de cigarros es capaz de rebuscar en su barba y encontrar la mejor de sus historias.El asfalto es su cama y el cielo una manta ligera que prefiere no bajar hasta su cuerpo para que no se la roben.
La gente lo mira con desprecio (yo se que es envidia) solo por ser diferente, por ser feliz con tan poco, por ser capaz de sonreír sin temor a sentirse inferior, el rey de la plaza sonriendo a sus súbditos sin prejuicios ni temores.
Tiene una flauta con tres agujeros con la que entona una canción que solo aprecian los humildes y solo entienden los nobles, llega a lo más profundo del alma y no pueden más que lanzarle unas monedas que él guarda para comprar unos trozos de pan y un cartón de vino que le sigue sabiendo rancio.
Patrono de los gatos, compañero de los perros callejeros, guardián de los pájaros, encantador de cucarachas…
Mi rey con corona de espinas, con manto de estrellas y trono de cartón…